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martes, 2 de noviembre de 2010

EL FENÓMENO OVNI - Parte I

Para el hombre de la calle, para el lector de un primer libro que cae en sus manos sobre el fenómeno ovni, y en definitiva para cualquier persona que apenas ha oído hablar de los ovnis, es fácil que se pregunte, ante todo, qué es lo que hay detrás de todo este fenómeno. ¿Qué son en realidad? ¿Cuándo se vio el primero? ¿De dónde vienen? ¿Son realmente naves de procedencia extraterrestre? ¿Ocultan de verdad algo los gobiernos al respecto? Muchas son las preguntas, y lo auténticamente sorprendente es que, con la enorme bibliografía tan abundante sobre el tema, la gente siga haciéndose siempre las mismas preguntas...
Pecaríamos, por lo tanto, nosotros de narcisimo, si pensáramos que vamos a ser quienes les saquemos de dudas. Por supuesto que no. Sin embargo, vamos a tratar, en la medida más seria y responsable, de introducirles en este extraño mundo que rodea al fenómeno ovni, dándoles una versión lo más objetiva y científica que podamos, sin olvidar, por otro lado, todas las hipótesis e historias que, ¿Por qué no pueden ser también ciertas? La ciencia constantemente evoluciona; lo que hoy vale mañana tal vez ya no, o por lo menos va a estar superado.

Por ello también hay que tener en cuenta hasta las hipótesis más atrevidas que giran en torno a uno de los fenómenos que, sin duda, más tinta ocupan diariamente en la prensa y seguirán, creemos nosotros, ocupando en el futuro...

El hombre del siglo XX, de la era de la ciencia y los descubrimientos, vive, a pesar de todo, rodeado de enigmáticos misterios e interrogantes.

Tales enigmas pueden tener parte de su origen remoto en los primeros pasos de la historia de la humanidad; otros se han forjado a lo largo de ella. Lógicamente, no satisfechos con la mera constatación de tales misterios, se ha querido ahondar en ellos hasta lograr el total esclarecimiento.

De este modo, se satisface una necesidad que parece estar íntimamente ligada a nuestra naturaleza: La de conocer el mundo que nos rodea para comprenderlo.

La ciencia de lo fantástico, o por lo menos, de lo que se ha llegado a llamar últimamente , pertenece aún al universo inexplorado; pero un día, seguramente, entrará en el juego de la ciencia clásica.

De todos modos, su estudio agudiza el espíritu de investigación y polémica y lo prepara para los descubrimientos vertiginosos que dejan prever las hipótesis de los astrofísicos y de los bioquímicos. Lo que nos parece fantástico es, por lo general, o casi siempre, una ignorancia de lo irracional.


Desde el comienzo de la historia e incluso desde mucho antes, en las perdidas sombras de la prehistoria, hay múltiples conocimientos de la existecia de discos esféricos; múltiples testimonios de grabados, pinturas o dibujos nos lo indican día a día.

De esta forma es fácil encontrar que algunos arqueólogos se remontan a 45.000 años de antigüedad (hay incluso quienes avanzan hasta los 100.000 años), para hablar de descubrimientos en Siberia, China, Japón y la India, al igual que en América y Africa, de dibujos encontrados en cuevas y también de múltiples dibujos realizados en rocas de una manera rudimentaria, que representan claramente y sin duda alguna trazados por artistas de la Edad de Piedra.

No es, por lo tanto, sorprendente ver cómo el notable divulgador de temas extraterrestres en la antigüedad, Von Daniken, nos describe en uno de sus libros la sorprendente imagen que vio en el desierto de Gobi, y que corresponde a un ser maravillosamente dibujado en la roca, con todo tipo de colorido y que flota en el aire por efecto, sin duda, de la antigravedad.

Es fácil comprender lo impresionado que estaría este hombre de la Edad de Piedra cuando observó la presencia de este humanoide u hombre de otro mundo que lograba flotar o volar.

También en América, especialmente en la región de México y en el Perú, se encuentra un notable número de testimonios de que nuestros antepasados recibieron las visitas de extraterrestres.

Tal vez el más notable sea la famosa lápida del dios-astronauta de Palenque, en el estado de Chiapas (Méjico). La parte central de la lápida representa un hombre que maneja el tablero de mandos de su , de la misma manera que lo hace hoy en día un astronauta camino de la Luna. Es realmente asombroso ver la semajanza que existe entre ambas imágenes.

Es la primera vez que no está representado el difunto en de guerrero donde su postura indica claramente que está manejando un panel o un tablero de mandos, seguramente el de su nave...

Si seguimos profundizando en las investigaiciones realizadas sobre los ovnis en los últimos diez mil años, nos encontramos con la sorprendente , una colección de escrituras caldeas que datan de nada menos que siete mil años antes de nuestros días.

El dato, una vez descifrado, resulta casi increíble. Contiene instrucciones exactas para la construcción de lo que llamamos hoy un ovni.

Incluye también informaciones sobre ángulos de aterrizajes, bobinas con hilo de cobre, estabilidad en el aire, indicadores de cristal y equilibrio.

Se indica además que las superficies de los cristales cambiaban de color durante el vuelo, fenómeno observado por casi todas las personas que han visto ovnis actualmente.

El famoso astrónomo e investigador francés del siglo XVIII Alexandre Guy Pingré, que publicó en Paris, en 1783, su célebre obra "Cometographie", obra que trata de cometas y de naves extraterrestres, narra en sus dos tomos que el primer avistamiento de ovnis debe fijarse, según sus investigaciones históricas.

Basándose en testimonios de observadores del acontecimiento, en el año 2296 antes de Jesucristo, o sea, hace cuatro mil doscientos setenta años, fecha en que fue visto un ovni en China y Japón; es decir, hace cuatro mil doscientos años, el emperador Tschón, que reinaba en aquella época en China, consiguió de un invitado de honor, un " extraterrestre", los planos y la enseñanza técnica que le permitieron construirse un "vehículo volador", en el cual hizo viajes al espacio.

En el libro (manuscrito) "Viaje a lo ilimitado" cuenta el gran pensador chino Tschuang Tzu, en el tercer siglo antes de Jesucristo, cómo voló sobre las espaldas de un gigantesco pájaro hasta una altura de unos 52.300 m, adentrándose en el espacio...

También la Biblia nos conduce a la creencia de visitas procedentes del espacio, y es sumamente fácil encontrar numerosos testimonios que avalan esta hipótesis.

Quizás el ejemplo más notable lo encontremos en el relato correspondiente al Génesis, donde Jacob cuenta un extraño sueño:

También el Nuevo Testamento nos ofrece pruebas de esta "visita". En este caso a través de los numerosos relatos de referencias a "nubes" en un continuo ir y venir. Unas en las que se desplaza Jesucristo, y otras en las que viajan sus ángeles y personajes bíblicos como "pasajeros"

La antigüedad también ha legado innumerables testimonios de la presencia de ovnis, y así es fácil, encontrar relatos muy interesantes como, el que sigue:

En Roma, ya llegado, el año 192 después Jesucristo, ocurrió durante el imperio de Pertinax un hecho alarmante. Roma fue visitada por un globo disco extraterrestre. Pertinax dejó acuñar una moneda en honor a tal visita. Se ve en semirrelieve a la diosa Providencia que levanta los brazos en, señal de bienvenida.

Otra prueba irrefutable para algunos investigadores muy avanzados de que los extraterrestres repitieron sus visitas también en el segundo siglo de nuestra Era son las pilas eléctricas que fueron descubiertas en 1936 en Juyot Rabu, cerca de Bagdad. Otras diez fueron halladas más tarde en Catesifonte. Una de estas pilas o baterías eléctricas, se encuentra en el Museo de Bagdad. Produce 1,5 voltios.


Igualmente en la Edad Media proliferaron los avistamientos de ovnis, y, gracias sobre todo a los "diarios" de los monasterios y a los propios monjes que pasaban gran parte del tiempo mirando el cielo, son innumerables los testimonios. Así, asegura el venerable San Gregorio de Tours en su "Historia Francorum" lo siguiente: "Un globo muy luminoso sobrevoló el territorio de Francia, en el año 853."

También extraído de la "Historia Eclesiástica gentis anglorum" existe un relato muy interesante de un hecho acaecido el año 664: "Una noche, mientras algunos monjes estaban orando en el cementerio anexo al monasterio de Barkong, al lado del Támesis, una gran luz bajó del cielo, los iluminó y se dirigió al otro lado del monasterio, hasta que por fin se perdió en las profundidades del espacio.

La luz era tal que haría parecer pálida la luz del sol de mediodía. El autor de este informe es nada menos que el famoso historiador padre benedictino de la abadía de Wearmouth, conocido en toda la Iglesia con el nombre de San Beda el Venerable (672- 735).

Un hecho ciertamente muy curioso lo relata el secretario de Carlomagno, Eginardo, en su libro diario, donde dice que cabalgando un día del año 810 Carlomagno hacia Aquisgrán, se vio un gran globo descender del cielo vertiginosamente y luego dirigirse de repente hacia occidente; esta repentina aparición, junto con el enorme resplandor que emitía, espantaron al monarca, pero sobre todo a su caballo, que se encabritó y derribó a su jinete ma1hiriéndolo.

Precisamente, antes de la muerte de Carlomagno (814) aterrizó, como relata el obispo Agobardus, una "nave, envuelta en una nube, con cuatro personas" ante la ciudad de Lyón. Estos visitantes, llegados, de un modo extraño, lograron escaparse para no ser agredidos por la multitud enloquecida.

Y ya en plena Edad Medía son abundantes las efemérides de relatos de avistamientos; veamos algunos:

Pascuas, 1344: En la Villa de Feldkirch, Austria, cerca de la frontera con la colonia Suiza, "un tronco envuelto en llamas" cayó sobre la plaza del mercado y, después de reposar, allí un rato, se levantó y, en su vuelo en las alturas, desapareció de la vista de la gente...

El rey Alfonso V el Magnánimo de Aragón, a la vez rey de Nápoles y Sicilia, veía desde el año anterior a su muerte, varias veces y en diferentes partes del cielo (Medina del Campo, Zaragoza), un horrible "Cometa" que le causaba cada vez una gran crisis nerviosa. Al fin, en la noche del 27 al 28 de junio, su ataque fue tan grave que le causó la muerte. (De la "Cometographie", de Pringre, año 1458).

Finalizamos esta cronología de datos referentes a la Edad Media con una pequeña leyenda, que, no obstante, para otros parece ser una noticia totalmente cierta. En el 1492, parece ser que un "disco volador" acompañó a Colón en su primer viaje a América, como dando escolta a sus naves colombinas...

EL ENTIERRO DEL PRIMER EXTRATERRESTRE

Precisamente, con Colón empieza la Edad Moderna, donde también se siguen acumulando numerosos rastros de ovnis, y donde en pleno siglo XVIII nos encontramos con una narración directa sobre un hombre procedente de otro planeta que descendió de una nave voladora. El hecho se registró en 1790, en la localidad francesa de Alencon.

Varios informes de la época lo recogen. En resumen, el texto dice lo siguiente: "Un enorme globo envuelto en llamas se posó en la cima de una colina. Un hombre vestido con un atuendo muy ceñido salió del mismo y se perdió en los bosques cercanos.

Cuando los campesinos acudieron a comprobar el extraño fenómeno, el globo estalló silenciosamente ante ellos, sin dejar rastro ninguno."

Y ya, como preludio al siglo XX, tres años antes de su comienzo, ocurrió en los Estados Unidos un hecho sin precedentes. En el pueblo de Aurora, en el Condado de Wise, Estado de Tejas, se vivía aún la vida sencilla y sin complicaciones del Oeste, tan conocida por las películas.


El calendario acusaba la fecha del 16 de abril de 1897. Aún no existían coches y faltaban seis largos años para que los hermanos Wright inventaran el avión (en 1903); sólo existían globos no dirigibles. Estaban en lo que hoy se llama "los buenos tiempos de antaño".

Aquel día, a las seis de la mañana, comenzó el futuro. Un disco monoplano, dirigido por un solo hombre, sufrió un accidente. Error de pilotaje, accidente de motor, ¿Quién sabe? El artefacto "cayó del cielo", como decían los testigos que madrugaban en este pueblo.

Trazaba círculos para poder aterrizar. No lo logró. Intentando sobrevolar el campanario de la Iglesia, chocó con la torre del suministro de agua y se desplomó, cayendo el disco monoplano a tierra, completamente destrozado el vehículo y su único ocupante, al que se enterró al día siguiente en el cementerio del lugar.

El "Dallas Morning News" del día 19 publicaba el hecho en un artículo con todo lujo de detalles. Fue el primer dato de un extraterrestre enterrado en la Tierra.

A partir de este momento se repitieron los hechos más extraños en distintas partes del mundo. En 1903 un artefacto sufrió un accidente en Siberia, explosionando en el aire. Cayeron miles de pedazos del cielo. En 1908 se produjo "la gran explosión", al parecer de tipo atómico, también en Rusia.

Y ya en plena guerra europea (1914 18) fueron vistas las famosas "bolas de fuego" en los frentes germano franceses (semejantes a las que aparecieron posteriormente en la guerra, de 1939-1945). Al poco de suceder, la explosión atómica de Hiroshima (6 de agosto de 1945) fue visto allí un gran número de ovnis.

El 24 de junio de 1947, Arnold Kenneth, un piloto particular, avistaba desde su avioneta en vuelo sobre el estado de Washington, cerca de la frontera del Canadá, encima del monte Rainier, nueve discos. Los describió a los periodistas y dijo que le parecieron "platillos volantes".

Esta descripción tan llamativa y sugerente se pegó en los oídos y dio la vuelta al mundo. Así, de esta forma tan simple, los ovnis empezaron a ocupar sitios en las páginas de los periódicos de todo el mundo, convirtiéndose en uno de los enigmas que hoy más apasionan a la opinión pública mundial.

También desde entonces (1947) las observaciones se multiplican. Algunas de ellas son extremadamente curiosas y no faltan las de carácter espeluznante.

Todas ellas van siendo recogidas y analizadas principalmente por las comisiones oficiales de encuesta de Inglaterra, Francia y Bélgica, siendo Estados Unidos, especialmente, quien más se interesa por el fenómeno, nombrando a cargo del A. T. I. C. (Air Technical Intelligence Center) una comisión para el estudio de los ovnis.

En muchas ocasiones, el A.T.I.C. pudo comprobar que en el momento de realizar la observación no sobrevolaban la zona ninguna clase de aviones militares ni civiles.

Así ocurrió, por ejemplo, en el caso de los coroneles aviadores que el 24 de julio de 1952 despegaron con un B-25 de la base de Hamilton, cerca de San Francisco, para dirigirse a Colorado Spring. El día era muy hermoso, sin una sola nube.

Los coroneles acababan de franquear la Sierra Nevada, entre Sacramento y Reno. A las quince cuarenta se encontraban sobre la región del Carson Sink, cuando uno de ellos observó tres objetos hacia adelante y un poco a estribor del aparato.

Al principio creyeron que se trataba de tres F 86; pero inmediatamente pudieron darse cuenta de que eran tres alas en delta, de un color plateado vivísimo, sin cola, ni cabina, ni pilotaje.

Enseguida, las tres deltas efectuaron una ligera evolución hacia la izquierda y desfilaron ante el B 25 a una velocidad que los coroneles consideraron "terrorífica" y que, les pareció por lo menos tres veces superior a la de un F 86. Las investigaciones posteriores demostraron que no podían ser aviones del Ejército ni de la Marina. Los coroneles eran pilotos experimentados, con varios millares de horas de vuelo

Los avistarnientos empiezan a no presentar ya dudas, y los gobiernos de las grandes potencias, especialmente la Unión Soviética y los Estados Unidos, vienen preocupándose de una manera oficial por el fenómeno de los "platillos volantes".

Todo se lleva con la máxima prudencia y en el mayor secreto. En Moscú se constituyó un comité investigador, formado por varios e ilustres científicos, entre ellos, Stolierov, Agrest, y Kolotov.

En Francia funciona la G.E.P.A. (Groupement d'Ttude de Phenoménes Insolites), presidida por el gerente general de aviación Lionel Chassin, antiguo Jefe de la OTAN. En Londres se publica la mejor revista consagrada a los Platillos Volantes, la " Flying Saucer Review". En Italia existe el C.U.N. (Centro Unico Nazionale), con sede en Milán.

En Estados Unidos la organización más prestigiosa es el N.I.C.A.P. ( National Investigation Committee on Aerial Phenomena). De su director, el mayor Keylioe, en esta rotunda afirmación: "Los ovnis no sólo son objetos reales, sino máquinas de origen extraterrestre enviadas a nuestro planeta en misión de reconocimiento y, acaso, de vigilancia."

Hay un hecho que se hace evidente a lo largo de las paginas que nos preceden: que el fenómeno existe por encima de todas las fantasías.

En los casos llevados hasta el final, se ha demostrado que no se trataba de fenómenos naturales, ni de aparatos secretos producidos por alguna potencia terrestre. ¿Son realmente naves espaciales procedentes del cosmos? ¿Existen inteligencias superiores capaces de resolver las increíbles distancias del Universo?

A lo largo de las siguiemtes entregas trataremos de seguir viendo, en la medida que sea posible, algunos de estos enigmas que rodean al fenómeno ovni...

© 2006 – Daniel Miccael Sais
This work is licensed under a Creative Commons License.


OVNIS EN LA ANTIGUEDAD
"El pasado abundó en dioses desconocidos que visitaron la Tierra primitiva en naves espaciales tripuladas", dice Erich Von Däniken en su libro de 1968 sobre la existencia de extraterrestres titulado Chariots of the gods?.

Esta obra popularizó la irreprimible idea del autor de que visitantes del espacio se aparearon con los ancestros humanos para crear una raza de inteligencia superior. Para apoyar su teoría sobre antiguos astronautas, Von Däniken y otros que coincidían con él examinaron los monumentos, obras de arte y artefactos de antiguas culturas.

Basando su conclusión en investigaciones que según él mismo admitió tenían ciertas fallas, sostuvo que algunos de esos artefactos representaban naves espaciales y viajeros cósmicos que descendieron a la Tierra en tiempos primitivos.

Para algunos investigadores de ovnis, los acontecimientos trascendentales presentados en la Biblia tienen un significado que supera el alcance de cualquier religión organizada.

Estos investigadores ven en las crónicas una historia escrita única en apariciones de ovnis. Examinada desde este punto de vista, la Biblia brinda docenas de ejemplos de objetos voladores no identificados. Casi cualquier visión en los cielos puede verse como una visita extraterrestre.

Algunos Ufólogos, por ejemplo, creen que la estrella de Belén que condujo a los tres reyes magos al infante Jesús, era un plato volador. Y un predicador neoyorquino llegó a la conclusión de que Dios podría haber sido un extraterrestre deseoso de guiar a los seres humanos durante las crisis terrenas. En apoyo de las suposiciones de los ufólogos bíblicos existe, además, una iconografía histórica muy abundante.

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