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miércoles, 30 de marzo de 2011

El lado oscuro (y ocultado) de la poderosa industria nuclear

Fukuhisma es un negocio privado. Un tanto peculiar pero un negocio al fin y al cabo. Como British Petroleum, como Microsoft, Carrefour o la central de Santa María de Garoña. La propietaria de la central accidentada es Tokyo Electric Power Company, TEPCO, una corporación nipona, la tercera compañía eléctrica del mundo, una empresa que recientemente ha pedido a los bancos japoneses una ayuda urgente de 1,5 billones de yenes (unos 18 mil millones de dólares).
¿Podemos confiar en las informaciones que nos brinda y en las medidas de seguridad que anuncia? No parece prudente; el pasado no les avala. En absoluto. Tampoco el presente por lo que estamos viendo.

A finales de julio de 2007, un terremoto de intensidad 6,8 golpeó la provincia de Niigata, a 200 km de Tokio y alteró gravemente el funcionamiento el Kashiwazaki-Kariwa, una de las mayores plantas nucleares del mundo con 7 reactores.

Los informes hablaron de fugas radiactivas, conductos obsoletos, tuberías quemadas, aparte de incendios.

Varios centenares de barriles de residuos se vinieron abajo; más de 1.000 litros de agua radiactiva se vertieron al mar y fugas de isótopos se dispersaron en la zona.

Después de muchas dudas y vacilaciones, los responsables de la central lo admitieron: el terremoto había provocado un desastre. Ya entonces un portavoz de la corporación propietaria, también TEPCO, señaló que los reactores de la central habían sido diseñados para resistir terremotos, pero sólo, matizó, hasta una determinada intensidad que era inferior a la magnitud del seísmo registrado aquel lunes de julio de 2007.

La misma melodía que ahora estamos oyendo. ¿Podemos creerles?

No parece razonable. Años antes, en 2002, se descubrió que TEPCO falsificaba información sobre seguridad.

La empresa fue obligada a cerrar sus 17 reactores, incluidos los de la central de Fukushima I.

Los ejecutivos de la corporación admitieron haber presentado unos 200 informes técnicos con datos falsos en las dos décadas anteriores. Un ingeniero nuclear estadounidense que trabajaba en la empresa dio a conocer el desaguisado tiempo después.

Las informaciones sobre la situación actual presentan datos contradictorios que abonan, a un tiempo, esperanza y desánimo.

En el momento en que escribimos este artículo, los ingenieros de la central han logrado conectar cables de energía a los seis reactores de la central a los que sólo faltaba dotarlos de corriente.

Al mismo tiempo, la temperatura en el núcleo del primer reactor volvía a ascender y el reactor 3, el que usa como combustible una mezcla con plutonio, echaba humo nuevamente.

Por otra parte, la Organización Internacional de Energía Atómica, nada sospechosa de alarmismo, informaba que en un radio de 20 km alrededor de la central el nivel de radiactividad ha adquirido niveles muy importantes.

La propia compañía ha reconocido la presencia de yodo radiactivo 120 veces superior al límite establecido en una muestra de agua marina. Y el plutonio, parece ser, está asomando su prolongada patita radiactiva.

No hay ya ninguna duda de la existencia de importantes fugas radiactivas. La radiación ni se ve ni se huele ni se siente, pero sus efectos son a largo plazo y dañarán la salud y el medio ambiente durante largos años.

En el núcleo de un reactor atómico existen más de 60 contaminantes radiactivos, unos de vida media muy larga y otros de vida corta.

Muchos de estos elementos tienen una gran afinidad con nuestro organismo.

Entre esos contaminantes, los que tendrán mayores consecuencias para la salud humana serán el yodo-131, el cesio-137 y el estroncio-90 con el plus del plutonio. Según el organismo oficial austriaco para la meteorología y la geodinámica (ZAMG: Zentralstalt für Meteorologie und Geodynamik) el yodo-131 emitido representa el 20% del total que dispersó Chernobil, mientras que el cesio-137 alcanza el 50% de aquel.

Y esto son estimaciones de la pasada semana. El 19 de marzo ya fueron detectadas emisiones de Fukushima en Hawai, las islas Wake y la costa de California.

El organismo similar alemán da estimaciones parecidas (Carlos Bravo de Greenpeace ha comentado recientemente que la radiactividad emitida hasta la fecha por los reactores de Fukushima es ya mayor que la emitida en Chernóbil).

El iodo-131 afecta inmediatamente y deja mutaciones en los genes; a partir de ellas se puede desarrollar posteriormente el cáncer de tiroides (el accidente de Chernobil multiplicó por diez los casos de este cáncer en Centroeuropa).

El estroncio se acumula en los huesos, como si fuera calcio, y durante este años continúa irradiando el organismo (30 años de vida media). El cesio-137 queda depositado en los músculos, comportándose de forma parecida al potasio.

Ambos, estroncio y cesio, aumentan el riesgo de todo tipo de cánceres, especialmente los de huesos, músculos y tumores cerebrales, disminuyendo la inmunidad del organismo e incrementando la capacidad de sufrir otras patologías. La radiación, además, altera la reproducción y afecta más a las mujeres que a los hombres.

Tampoco las consecuencias para el medio ambiente serán inocuas. La contaminación nuclear se deposita en el suelo y en el mar, se incorpora a la cadena trófica de los peces, que son la base de la dieta en Japón, del resto de animales -el yodo-131 aparece precozmente en la leche-, de las plantas, la fruta y las verduras.

Este proceso se irá acumulando, pasará de un ser vivo a otro e irá empeorando. La persistencia de estos radioelementos en el medio ambiente perdura largo tiempo y su presencia puede detectarse en los alimentos incluso años después del accidente.

Existen dos tipos de efectos en la salud humana por la exposición a la radiación.

Unos son determinísticos, los inmediatos a la exposición, dependen de la dosis recibida; otros son probabilísticos e irrumpen cuando las partículas radiactivas se acoplan a distintos órganos. Estos últimos son los que más deben preocupar.

Influyen en el aumento del riesgo de sufrir cáncer actuando como si fueran componentes biológicos.

El cesio 137, como comentábamos, se acopla al músculo y va irradiando a lo largo del tiempo. Lo mejor que puede pasar es que mate la célula; si, por el contrario, causa una mutación en un gen supresor de tumores, puede aumentar la posibilidad de que se sufra cáncer.

El accidente de Fukushima es, en síntesis, ya lo hemos comentado en alguna ocasión, un Chernobil a cámara lenta

Mientras Japón (y el mundo) afronta un accidente nuclear que puede llegar a ser el peor de la historia, parece evidente que cualquier debate, necesario y urgente, sobre la seguridad de la energía atómica debería abordar la independencia real de los organismos reguladores.

En frecuentes ocasiones, numerosas por lo que sabemos, industria y organismos reguladores son uno y lo mismo. Hay pocos expertos nucleares independientes en el mundo; en su gran mayoría, trabajan para la industria, o bien lo hicieron antes y ahora son agentes reguladores.

Fukushima no es Hiroshima.

Tampoco Nagasaki. Pero Hiroshima, Nagasaki, la Isla de las Tres millas, Chernobil, Ascó y Fukushima pertenecen a un período, la era atómica, que es necesario superar.

Hiroshima abrió el camino suicida del armamento nuclear, un sendero que debe cerrarse con urgencia.

Fukushima ha sido, debe ser, la última advertencia de la equivocada apuesta por la energía nuclear, una apuesta que va a dejar un legado que no merecen las futuras generaciones: toneladas y toneladas de residuos radiactivos que van a exigir, aparte de la fuerte vulnerabilidad que representan ante catástrofes, atentados y guerras, control, esfuerzos económicos, importantes inversiones de seguridad y riesgos nada marginales.

Veinticinco años después, el reactor 4 de Chernobyl continúa emitiendo radiactividad pese a que está sepultado bajo una gruesa (pero deteriorada) cubierta de hormigón.

Se intentan recaudar más de 2.000 millones de dólares para construir un sarcófago permanente (que no será permanente) que contenga la radiación.

Sea cual sea nuestro concepto del buen vivir, no parece consistente con un escenario como el que hemos dibujado, como el mundo que está irrumpiendo dantescamente ante nuestros ojos.

Faust no puede ser un modelo de referencia para la Humanidad.

¡Por una humanidad más justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebaño de atontados ruidosos en un estercolero químico, farmacéutico y radiactivo!

Fuente: Rebelión

NASA ordena por tamaño 1.235 candidatos a planetas

La agencia especial estadounidense publicó una imagen de manera idealizada de los planetas, según su tamaño.

La NASA publicó hoy una imagen en la que ha ordenado, de manera idealizada, los mil 235 candidatos a planetas que ha descubierto el observatorio espacial Kepler fuera del sistema solar.

La imagen publicada hoy por la agencia espacial estadounidense (NASA) muestra varias hileras de planetas con colores saturados, ordenados por tamaños que van desde una gran circunferencia hasta un puntito apenas imperceptible.

En dos años, el Kepler se ha convertido en componente crucial de los esfuerzos de la NASA por encontrar y estudiar exoplanetas (planetas que orbitan una estrella diferente al Sol) con características similares a las de la Tierra.

Así, el Kepler vigila 156 mil estrellas para detectar si se producen sombras que puedan indicar la existencia de planetas en su alrededor.

Desde que fue lanzado en marzo de 2009, el prolífico laboratorio espacial ha identificado mil 235 posibles planetas, de los que 68 tienen un tamaño parecido al de la Tierra, 288 son supertierras, 662 tienen un tamaño similar a Júpiter y 19 son mayores que Júpiter.

La NASA analiza esos posibles candidatos a planetas en busca de un lugar similar a la Tierra en el que se den las condiciones de vida.

Kepler supervisa un amplio campo de estrellas para identificar los tránsitos planetarios por el ligero oscurecimiento de la luz de las estrellas que causa un planeta al pasar frente a su estrella.
Ilustración facilitada el pasado 2 de febrero que muestra al observatorio espacial Kepler, que se ha convertido en el componente crucial de la NASA para encontrar y estudiar exoplanetas (planetas que orbitan una estrella diferente al Sol) con características similares a las de la Tierra. EFE/Archivo
El fotómetro sensible del telescopio capta la luminosidad cambiante de la estrella en torno a la que giran los planetas cuando pasan frente a ella, en ese momento interrumpen el brillo del astro y los científicos calculan el tamaño y la masa midiendo su radio.

Fuente: ELUniversal

Extrañas señales de radio en Saturno desconciertan a los astrónomos

La nave Cassini de la NASA encontró recientemente que las señales de ondas de radio naturales procedentes del planeta gigante difieren en los hemisferios norte y sur, una división que puede afectar a cómo miden los científicos la duración del día de Saturno.
Pero las rarezas no terminan aquí, dicen los investigadores.
El Telescopio Espacial Hubble muestra los anillos de Saturno con el canto y los dos polos a la vista, con sus dos auroras aleteo visible, a principios de 2009. 
Crédito: NASA / ESA / STScI / Universidad de Leicester 
Las variaciones en la señal – que están controladas por la rotación del planeta – también cambian drásticamente con el tiempo, aparentemente en sincronía con las estaciones de Saturno.

“Estos datos van a mostrarnos cómo de extraño es Saturno”, dice en un comunicado Don Gurnett de la Universidad de Iowa, que lidera el equipo de instrumentos de ondas de radio y plasma de Cassini.

“Creíamos comprender estos patrones en las ondas de radio de los gigantes gaseosos, dado que en Júpiter fue muy directo. Sin Cassini permaneciendo allí tanto tiempo, los científicos no habrían comprendido que las emisiones de radio de Saturno son muy distintas”.

Saturno se hace más extraño

Saturno emite ondas de radio naturales conocidas como Radiación Kilométrica de Saturno, o SKR, para abreviar. Aunque estas ondas son inaudibles para los oídos humanos, para Cassini suenan como estallidos de una sirena de alerta aérea y varían con cada rotación del planeta.

Los científicos de Cassini han convertido las emisiones de ondas de radio variantes de Saturno al rango de audio humano.

Las observaciones de este tipo de patrones de ondas en Júpiter permitieron a los científicos medir la tasa de rotación del planeta, pero en Saturno la situación ha resultado ser mucho más compleja, dicen los investigadores.

Cuando la nave Voyager de la NASA visitó Saturno a principios de la década de 1980, las emisiones SKR del planeta indicaban que la duración del día en Saturno era de unas 10,66 horas.

Pero más tarde, otra nave – incluyendo las sondas Ulysses y Cassini de NASA-Agencia Espacial Europea – encontraron que los estallidos de radio variaba– de segundos a minutos.

Otras observaciones de Cassini demostraron que las emisiones SKR ni siquiera eran una sola. En realidad son un dúo – pero los dos “cantantes” del planeta están desincronizados.

Las ondas de radio que emanan del polo norte de Saturno tienen un periodo de alrededor de 10,6 horas, mientras que las que proceden del polo sur se repiten cada 10,8 horas, dicen los investigadores.

Entonces la situación se hizo aún más extraña.

En diciembre, Gurnett y su equipo publicaron un artículo usando datos de Cassini para demostrar que los periodos SKR norte y sur se intercambiaron en marzo de 2010. Es decir, el periodo sur decreció constantemente y el norte se incrementó, con los dos convergiendo a alrededor de 10,67 horas el pasado marzo.

Esto sucedió siete meses después del equinoccio de primavera de agosto de 2009 en Saturno, cuando el Sol brillaba directamente sobre el ecuador del planeta.

Desde el cruce, el patrón ha continuado con el periodo de las emisiones SKR del sur decrementándose y las del norte aumentando, dicen los investigadores.

Revisión de las señales de Saturno

Ver el extraño cruce de ondas de radio llevó a los científicos de Cassini a revisar las observaciones de anteriores visitas de Cassini. Encontraron patrones similares en los datos de Voyager de 1980, así como de observaciones de Ulysses tomadas entre 1993 y 2000.

En ambos casos, las variaciones en la emisión de radio diferían de un hemisferio al otro. Y en ambos casos, el extraño comportamiento de las ondas de radio llegó a menos de un año de los equinoccios de Saturno, dicen los investigadores.

Pero, ¿qué está pasando? Los científicos de Cassini no creen que las diferencias en los periodos de las ondas de radio tengan que ver con que los hemisferios de Saturno roten a ritmos distintos en realidad.

Es más probable que los cambios en la señal estén provocados por variaciones en los vientos de gran altura en los hemisferios norte y sur, dicen los investigadores.

El comportamiento de la magnetosfera de Saturno – la burbuja magnética que rodea todo el planeta – también es probable que esté teniendo un impacto, añade.

En un estudio distinto, los investigadores usaron observaciones del Telescopio Espacial Hubble de la NASA para encontrar auroras en el norte y sur – espectáculos de luz causados por la interacción del viento solar con el campo magnético de Saturno – oscilando arriba y abajo en latitud dentro de un patrón que encajaba con las variaciones SKR, dicen los investigadores.

Y otro estudio demostró que el campo magnético de Saturno por encima de los polos del planeta variaba en el tiempo con las auroras y las emisiones de ondas de radio.

“La lluvia de electrones en la atmósfera que produce las auroras también produce las emisiones de radio y afecta al campo magnético, por lo que los científicos creen que todas estas variaciones que vemos están relacionadas con la cambiante influencia del Sol sobre el planeta”, dice Stanley Cowley de la Universidad de Leicester, científico de Cassini y coautor de dos recientes artículos sobre el campo magnético de Saturno.

La nave Cassini de la NASA se lanzó en 1996 y llegó a Saturno en 2004. También llevaba a bordo el aterrizador Huygens de la Agencia Espacial Europea, el cual aterrizó en Titán, la luna de Saturno, poco después de su llegada a la órbita del planeta anillado.

La nave completó su misión primaria de explorar Saturno, sus anillos y lunas en 2008. Desde entonces, la misión Cassini a Saturno se ha extendido dos veces, la más reciente hasta 2017.

Fuente: CienciaKanija

Ciudad Subterránea de mas de 12.000 Años

A seis kilómetros de Urfa, una antigua ciudad en el sureste de Turquía, Klaus Schmidt ha hecho uno de los descubrimientos arqueológicos más sorprendentes de nuestro tiempo: grandes piedras talladas de alrededor de 11.000 años de antigüedad, creadas y organizadas por los hombres prehistóricos que al parecer aún no habían desarrollado herramientas de metal o incluso la cerámica.
Gobekli Tepe (en turco "Colina Barriga") es un santuario erigido en la cima de la colina más alta de una alargada cadena montañosa de unos 15 kilómetros al noreste de la ciudad de Sanliurfa (antes Urfa / Edesa) en el sureste de Turquía.

El sitio está actualmente en fase de excavación por arqueólogos alemanes y turcos.

Hasta que comenzaron las excavaciones, un complejo de esta magnitud no se creía posible de una comunidad tan antigua. La gran secuencia de capas de estratificación sugiere varios milenios de actividad, tal vez se remonta a la era Mesolítica.

La ocupación de la capa más antigua (estrato III) contiene pilares monolíticos unidos por gruesos muros construidos para formar estructuras circulares u ovaladas.

Göbekli Tepe ha expuesto varias habitaciones rectangulares adyacentes, con suelos de cal pulida, evocando los pisos Romanos del terrazo.

En la actualidad, Gobleki Tepe plantea más preguntas para la arqueología y la prehistoria de las que puedan responder.

No conocemos como una fuerza lo suficientemente grande fue construida, ampliada, mantenida en tan importante complejo y como fue movilizado y pagado o haber alimentado en las condiciones de la sociedad pre-Neolítico.

No podemos "leer" los pictogramas, y no sabemos a ciencia cierta lo que significan los relieves de animales para los visitantes del sitio, la variedad de la fauna representada, de los leones y jabalíes, de las aves y los insectos, hace de cualquier simple explicación una problemática.

La razón por la que fue enterrado el complejo con el tiempo sigue siendo inexplicable.

Hasta que la evidencia se recoja, es difícil deducir nada seguro sobre la cultura original.

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