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jueves, 24 de febrero de 2011

Por qué la llamarada solar no provocó caos en la tierra

Toda la energía enviada por el Sol se desvió de forma inocente hacia los polos de la Tierra.
Fue una simple cuestión de suerte.

Los campos magnéticos vinieron alineados de tal modo que toda la energía enviada por el Sol se desvió de forma inocente hacia los polos de la Tierra.

Si el ángulo relativo de los dos campos (el de las partículas solares y el terrestre) hubiera sido otro, las cosas se habrían podido poner muy feas para nosotros. Ahora, y una vez pasado el peligro, los científicos miran al futuro con preocupación.

La "tormenta de San Valentín" sólo ha sido la primera de un ciclo solar, el número 24, que acaba de comenzar y que se prevé mucho más activo que el anterior. Se calcula que, en los próximos meses, se producirán no menos de 1.700 tormentas solares de igual o mayor intensidad de la que nos dejó milagrosamente indemnes la semana pasada.

El pasado 14 de febrero, justo a tiempo para San Valentín, la sonda SDO (Solar Dynamics Observatory) de la NASA fue testigo de una potente erupción solar que apuntaba directamente a la Tierra.

Los instrumentos de la nave detectaron una llamarada masiva de clase X, la más potente de cuantas es capaz de emitir el Sol y la mayor detectada durante los últimos cuatro años.

Los astrónomos se prepararon para el impacto de una gran tormenta geomagnética y los expertos en "meteorología solar" predijeron que potentes chorros de partículas cargadas procedentes del Astro Rey impactarían contra el campo magnético terrestre desestabilizando los sistemas de comunicaciones y navegación en la mitad diurna del mundo.

NUMEROSAS AURORAS BOREALES
Sin embargo, y con la excepción de algunos problemas en las redes chinas de satélites, nada de todo eso sucedió. Hubo, eso sí, una serie espectacular de auroras boreales, pero para verlas había que estar muy al norte, en Alaska, Canadá o Finlandia.

De hecho, la tormenta geomagnética generada por la llamarada solar del 14 de febrero apenas si alcanzó la categoría G1 en la escala de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA), la más baja para esta clase de fenómenos.

La máxima puntuación, G5, se aplica a tormentas geomagnéticas de fuerza extrema, capaces de "freir" en pocos segundos las redes eléctricas y de provocar auroras boreales más al sur de Florida.

¿Pero qué fue exactamente lo que sucedió para que lo que parecía ser una fiera enfurecida se transformara de repente en un inofensivo cachorro meteorológico?

Los expertos lo tienen claro. La tormenta fue tan débil porque las líneas del campo magnético de la llamarada solar estaban alineadas en paralelo con las del campo terrestre.

Cuando el Sol envía, como hizo el pasado día 14, una enorme masa de plasma ardiente hacia nuestro mundo (lo que se conoce como una eyección de masa coronal), las partículas que la componen tienen su propio campo magnético, independiente de los de la Tierra o el propio Sol.

Y resulta que los astrónomos, hoy por hoy, son incapaces de determinar la dirección del campo magnético del plasma hasta el momento mismo de su impacto contra la Tierra.

Si el campo magnético del chorro de plasma resulta ser, como fue la semana pasada, paralelo al de la Tierra, las partículas cargadas procedentes del Sol serán bloqueadas por el escudo magnético natural de la Tierra y no podrán penetrar a través de la magnetosfera.

Sin embargo, una llamarada idéntica a la que se produjo el día de San Valentín, pero con un campo magnético con dirección perpendicular al nuestro, habría causado una tormenta infinitamente más fuerte.

"Si el campo magnético del plasma está en paralelo al nuestro -explica el experto en climatología espacial Juha-Pekka Luntama, de la Agencia Espacial Europea- entonces los escudos están levantados y estaremos bien protegidos".

Pero la próxima vez podríamos no ser tan afortunados en cuanto a su alineación.

HABRÁ MUCHAS «PRÓXIMAS VECES»

Y habrá, sin duda, no una sino muchas "próximas veces". En efecto, se espera que durante los próximos meses se produzcan por lo menos 1.700 tormentas geomagnéticas como la de la semana pasada.

Un número que se irá incrementando a medida que el Sol avance en su nuevo ciclo de actividad.

La tormenta de la semana pasada solo fue la primera de este nuevo ciclo solar, el número 24, que acaba de comenzar.

Como los científicos saben muy bien, el Sol alterna periodos de calma con otros de gran violencia en periodos (o ciclos) que duran once años.

Y el último mínimo en la actividad solar (del que acabamos de salir) ha sido mucho más largo y tranquilo de lo que es habitual, lo que nos ha proporcionado varios años de engañosa tranquilidad.

Unos años, por cierto, durante los que nuestra dependencia de la tecnología ha aumentado exponencialmente, dejándonos mucho más indefensos frente a eventos capaces de interrumpir las comunicaciones e inutilizar las centrales eléctricas de las que casi todo depende.

Por eso, los expertos están ahora más nerviosos que nunca con respecto al máximo de actividad solar que se avecina y que alcanzará su pico entre los años 2012 y 2014.

El último máximo se produjo en el año 2000, y entonces la sociedad dependía mucho menos que ahora de sistemas suscetibles de quedar fuera de combate a causa de una llamarada solar más fuerte que la media.

PREPARARSE LO MEJOR POSIBLE

No queda más remedio, pues, que prepararse lo mejor posible para lo que ha de venir.

Como dijo Jane Lubchenco, responsable de la NOAA, durante la reunión anual de la Sociedad Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS), celebrada el pasado sábado en Washington, "No es una cuestión de si sucederá, sino de cuándo sucederá y de cómo de fuerte será".

Sabemos, por ejemplo, que cuando se produce una llamarada solar como la del pasado día 14 podemos esperar del Sol varias "oleadas" diferentes de partículas.

La primera llega casi de inmediato y prácticamente a la velocidad de la luz.

Tarda entre diez y veinte minutos en alcanzarnos y lo hace en forma de protones de alta energía que pueden penetrar el campo magnético terrestre a través de las regiones polares.

Esta primera "avanzadilla" tiene el potencial necesario para interrumpir las comunicaciones por satélite.

Pero eso sólo es el principio.

Si la llamarada solar ha sido lo suficientemente fuerte, puede dar lugar a una eyección de masa coronal, una densa nube de plasma a millones de grados de temperatura y que, según su intensidad, puede tardar en llegar a la Tierra entre 18 horas y tres días.

Cuando el chorro de plasma se encuentra con el campo magnético terrestre, y la orientación de su campo magnético es la adecuada, penetra a través de él y causa, por inducción, intensas corrientes eléctricas que pueden dañar, incluso inutilizar, nuestras centrales energéticas, provocando apagones y cortes en el suministro.

ESCUDOS CAPACES DE RESISTIR UNA OLEADA

En la actualidad, los satélites más modernos ya están equipados con escudos capaces de resistir la primera oleada de radiación solar, y de sistemas de apagado de emergencia que permiten desconectarlos por completo hasta que el peligro haya pasado.

Pero es necesario arbitrar, también, sistemas capaces de hacer lo mismo con las centrales eléctricas terrestres en caso de necesidad.

La red de satélites de vigilancia y estudio del Sol crece continuamente y, en el momento actual, nos puede dar unas veinte horas de tiempo para reaccionar.

Si queremos evitar males mayores y ante la práctica imposibilidad de defenderse de tales fenómenos, deberíamos ser capaces, por lo menos, de desconectarlo todo a tiempo y esperar a que la tormenta pase...

Fuente: ABC.es

EL SOL PRODUCE SU MAYOR EXPLOSIÓN EN CUATRO AÑOS
El Sol ha tenido su mayor erupción en cuatro años, según imágenes captadas por la NASA.

La erupción consiste en la emisión de lo que se denomina una llamarada de clase X, el tipo más fuerte, que puede afectar las comunicaciones en la Tierra.

El Observatorio de Dinámicas Solares de la NASA, la agencia espacial estadounidense, lanzado hace un año, recogió impactantes imágenes de la estrella.

En ellas se ve un intenso destello de radiación ultravioleta emanada de una mancha solar llamada mancha 1158, en una región muy activa en el hemisferio sur del Sol.

Se espera que las erupciones lleguen al campo magnético terrestre durante los próximos dos días, causando un aumento en la actividad geomagnética y permitiéndoles a quienes viven cerca de los polos (por ejemplo al norte de Inglaterra) ver auroras.

La enorme llamarada se registró el martes 15 de febrero y se dirigía a la Tierra. Según la agencia espacial de EE.UU., la fuente de esta actividad - las llamadas manchas solares 1158 - están creciendo rápidamente.

Las erupciones solares, también conocidas como protuberancias, son causadas por la liberación súbita de energía magnética almacenada en la atmósfera solar.

Como explica Paul Rincon, corresponsal de ciencia de la BBC, los datos preliminares de la sonda Stereo-B y la nave espacial Soho sugieren que la explosión produjo una eyección rápida, aunque no especialmente brillante, de masa coronal (CME), una ráfaga de partículas cargadas lanzadas al espacio.

"Despertando"

Los expertos advirtieron que este fenómeno podría crear una tormenta geomagnética alrededor de la atmósfera de la Tierra, que podría interferir con la energía eléctrica, redes y sistemas de comunicaciones.

También significa que el espectacular despliegue de luz en el cielo nocturno conocido como la aurora puede ser visible en latitudes más bajas de lo habitual.

En 1972, una tormenta geomagnética provocada por una erupción solar interrumpió las comunicaciones telefónicas de larga distancia en el estado de Illinois (EE.UU.).

Y en 1989, otra tormenta sumió a seis millones de personas en la oscuridad en la provincia canadiense de Quebec.

Los investigadores dicen que el Sol "se ha estado despertando" después de un período de varios años de baja actividad.

Algunas partes de la aurora boreal ya se han visto más al sur de lo habitual en Irlanda del Norte y en otros lugares en el Reino Unido. Los científicos señalan que se puede esperar una mayor actividad en los próximos días.



RÁFAGA ORIENTAL
La tranquilidad no duró mucho. -Satélites en órbita terrestre detectó una llamarada solar de clase-M3 en 0735 UT del 24 de febrero

La fuente era una región activa situada justo detrás de la extremidad oriental del sol.

La erupción produjo emisiones de radio fuertes, una eyección de masa coronal (la Tierra no dirigido), y esta espectacular imagen tomada por el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA:

Fuente: SpaceWeather

La reencarnación desde el punto de vista científico

Este es otro de la serie “Artículos a la Carta“, y quien viene hoy a sentarse en mi restaurante es Joan Pellicer, interesado en saber si hay alguna base científica para explicar el fenómeno de la reencarnación.
Creo que en la entrada te serviría un concepto que es importante destacar: el cuerpo “físico” no existe.

Este se hace “materia” sólo dentro de nuestro cerebro como una ilusión sensorial, ya que la física cuántica ha demostrado que todo lo que compone nuestro universo es energía e información.

La señal que se hace información en nuestro cerebro es constituida por las diversas frecuencias a las que vibra la energía, que una vez captadas por nuestro aparato perceptual se transforman en las “formas” que vemos.

Entender ésto es fundamental para saber que cuando hablamos de cuerpo, en realidad estamos hablando de un campo electromagnético de energía que vibra.

Nada más, ni nada menos.

Es un buen tema el de la reencarnación, ya que en estos tiempos, las fronteras entre la ciencia y el espíritu se están difuminando cada vez más. Conozco a algunos científicos que han tenido experiencias cercanas a la muerte y me han hablado de una vida más allá de la muerte física, y he leido algunos estudios de otros científicos que apoyan la posibilidad de la reencarnación del espíritu o conciencia en otro cuerpo diferente.


El Dr. Ian Stevenson (foto a la izquierda), médico y psicoanalista ya fallecido, es el referente científico sobre el tema de la reencarnación. Con un equipo de la Universidad de Virginia, ha venido entrevistando a varios niños que dicen recordar vidas pasadas.

Stevenson ha notado que la gran mayoría de estos niños sufren trastornos de ansiedad y fobias, y lo más curioso que ha encontrado tal vez, es la constatación de marcas de nacimiento y cicatrices en estos niños, que coinciden con las de las personas que ellos recuerdan fueron antes.

Como si no sólo las características de la personalidad se transfiriesen a un nuevo cuerpo, sino también las físicas.

Teniendo en cuenta que nuestro cuerpo toma “forma” y se “modela” con nuestros pensamientos, no sería un fenómeno descabellado, que la información (el contenido) de esos pensamientos pudiese trasladarse a formar un nuevo cuerpo físico.

El equipo de Stevenson ha investigado incluso estadísticamente el fenómeno desde 1961 y se han publicado numerosos artículos y libros que puedes consultar aquí.

Sus áreas de investigación fueron Asia, Norteamérica y Europa. Niños de varios países que recordaban con detalle sus vidas pasadas. El American Journal of Psychiatry, publica en Abril del 2005, un artículo confeccionado por el equipo de Stevenson sobre “Los casos de reencarnación en Europa”.

El método de investigación del equipo de Stevenson está basado en las técnicas psíquicas para la recuperación de la memoria, de modo que estamos hablando netamente de un campo mental y no del estudio físico o corporal de la reencarnación y el mismo científico encuadra el fenómeno como “paranormal”.

La Xenoglosia (la capacidad para hablar lenguas no conocidas) y la técnica de regresión a vidas pasadas, son también estudiadas con el objetivo de encontrar evidencias que avalen este fenómeno.

En la actualidad se está llevando a cabo un experimento sobre la reencarnación, en el que participa una psicoanalista y varios investigadores cuyas profesiones son las de autores de libros.

Por lo que en éste tampoco podemos encontrar las bases científicas, sobre todo porque el tema tiene su morbo, y la base de este experimento podría ser sólo la de promocionar el interés del público.

La investigación científica en este ámbito tiene una pega muy grande, y es la carrera profesional de los que participen en ella. La mayoría de los científicos no se arriesgan a exponer su imagen profesional tratando temas tan difíciles de demostrar empíricamente y tan utilizados por corrientes espiritistas o religiosas.

Es difícil encontrar a profesionales trabajando en ello en la actualidad, por eso Stevenson sigue siendo un referente, aunque debemos recordar que él mismo encuadra este fenómeno en lo “paranormal”.

Desde el punto de vista forense y centrándonos más en las evidencias físicas de la reencarnación, el forense indú Vikram Raj Singh Chauhan, está tratando de demostrar empíricamente el fenómeno.


Taranjit Singh con sus padres
actuales
Ha presentado sus evidencias en el Congreso Nacional de Científicos Forenses en la India, con el caso de un niño de seis años de edad llamado Taranjijt Singh, que dice recordar su vida pasada.

Chauhan ha viajado hasta el pueblo donde el niño dice haber vivido antes y ha encontrado a la familia del fallecido, quien le facilitó un cuaderno de notas. Chauhan presentó exámenes grafológicos, y la letra de Taranjijt es excatamente igual a la del muerto, como escrita por la misma persona.

Otra afirmación que hizo Chauhan sobre el niño, es que éste escribe correctamente el inglés y el Punjabi, a pesar de no haber ido nunca a la escuela.

Sus investigaciones no aportan más datos objetivos a las ya realizadas por Stevenson, tengamos en cuenta que los indúes creen en la reencarnación y esta idea está inculcada culturalmente a través de las religiones.

Seguimos actuando dentro del marco de lo mental, sin estudios confiables en las disciplinas de la física, que nos permitan una explicación del fenómeno al nivel del cuerpo y el 90% de los estudios con los que contamos en la actualidad son realizados por psiquiatras, psicólogos o parapsicólogos.

Sería bueno encontrar estudios realizados por profesionales de otras áreas…pero no los he hallado en mi búsqueda bibliográfica.

Tal vez, éste sea el marco adecuado para el estudio de estos fenómenos, ya que sabemos que el cuerpo físico no existe sino como una ilusión sensorial.

Teniendo en cuenta que la información trasciende lo físico (ilusión sensorial), no sería tan descabellado un proceso en el que esa misma información vuelva a manifestarse en otro superorganismo o que la misma se traslade en parte en el ámbito de la Noosfera.

Pero aún no se ha explicado y probado científicamente el proceso y ese es el motivo por el cual la ciencia no puede aceptar (por ahora) el fenómeno de la reencarnación.

Para muchas religiones sería un golazo, imagínate Joan, cuántos científicos judíos ortodoxos, indúes, etc, se llevarían la medalla de sus países y de sus líderes religiosos por probar este fenómeno, sin embargo hasta ahora no lo han hecho. Continúa siendo un tema del ámbito religioso, espiritual y parapsicológico.

La pregunta es si los métodos utilizados (como la hipnosis regresiva o la grafología) son suficientes para comprobar su existencia.

Tal vez lo sean, pero nos faltaría conocer cómo se realiza el proceso, y según la ciencia, tener la capacidad de observar empíricamente su repetición.

Tenemos al cardiólogo holandés Pim Van Lommel, acostumbrado por su profesión a las experiencias cercanas a la muerte y a las experiencias de personas que regresan de la muerte clínica.

Fuente: Bianca Atwell



Las pirámides, ¿tecnología de gigantes?

La forma en que los antiguos movían los grandes pesos en tan poco tiempo es un verdadero enigma. ¿Máquinas simples, tecnología de los dioses u hombres de gran talla?

“En aquellos tiempos existían gigantes sobre la Tierra, también después, cuando los hijos de los dioses se juntaron con las hijas de los hombres y de ellas nacieron sus hijos. Ellos son los héroes de la antigüedad, los hombres famosos” Génesis 6:4

Enclavado en las afueras de la ciudad de Baalbeck, en el actual Líbano, un bloque de más de 1.000 toneladas de peso parece esperar a través de los siglos la llegada de aquellos constructores encargados de transportar tan descomunal peso hacia el seno de la urbe.

En vez de eso, la “Piedra del Sur” recibe cada año la visita de cientos de turistas que posan junto a este coloso semi enterrado, cuya existencia forma parte de un enigma mucho más profundo y generalizado.

¿Qué seres o técnicas de ingeniería podrían mover bloques tan pesados como los que actualmente forman Baalbeck, Machu Picchu o las pirámides de Egipto?

Trasladar y encajar: dos grandes problemas

Así como en la bíblica ciudad de Baalbeck, ocupada por los antiguos romanos, muchos templos, monumentos y ciudades antiguas fueron erigidos utilizando rocas y bloques gigantescos, cuyo peso hace replantear a los estudiosos si el conocimiento acerca de las técnicas de traslado usadas por los antiguos es completo y correcto; más aún, cuando en muchos casos los pueblos constructores no conocían la rueda, la polea, ni las herramientas de hierro.

Exceptuando algunos grabados que ilustran el uso de las primeras grúas eficientes para trasladar obeliscos en el antiguo imperio romano, nada escribieron aquellos pueblos acerca de las técnicas que emplearon para la manipulación de estas gigantescas moles.

Inclusive en el caso de los romanos, las técnicas de traslado permitían mover aquellos pesos solo unos pocos metros al día, tal como lo atestiguan las inscripciones en el Obelisco de Teodosio, en Constantinopla: “La piedra tardó 32 días para alzarse en el lugar”.

Pero no solo Baalbeck representa un prodigio de la arquitectura. Machu Picchu, Puma Punku o Tiahuanaco son solo algunos ejemplos de cómo, al otro lado del océano, también existieron pueblos con templos y fortificaciones cuya técnica de construcción aún representan un misterio de la ingeniería.

No solo la perfecta forma de encajar las piedras en las paredes permanece semi velada, sino que el traslado de bloques de cientos de toneladas tampoco es fácil de explicar.

¿Un carpintero resuelve el misterio?

Wallace T. Wallington, un carpintero retirado de EE.UU., cree tener la llave al enigma de las grandes construcciones. “Este es primer arco tipo Stonehenge”, cuenta mientras muestra un pequeño trilito realizado con sus propios medios.

Wallington decidió levantar una réplica entera del famoso círculo de piedra druida en el patio trasero de su casa, en Michigan.

Con la ayuda de vigas de madera, cuerdas y pequeñas piedras, quiere demostrar que los antiguos monumentos como Stonehenge, los moai de la Isla de Pascua o inclusive las pirámides de Egipto, podían ser erigidos sin el uso de poleas, ruedas o tecnologías extraterrestres de levitación, como muchos proponen.

Con solo la ayuda de vigas de madera, cuerdas y algunas piedras pequeñas, Wallington dedica su tiempo libre a mover bloques de varias toneladas con lo que él llama “tecnología perdida”.

“He comprobado que, para mover grandes pesos, sólo se necesitan sencillas herramientas de madera y la gravedad”, afirma el carpintero. “No se requiere nada rígido. No se necesita levantar el peso para moverlo de un lugar a otro”.

Sin embargo, Wallington probablemente ignora que los trabajos antiguos a menudo debían haberse realizado en forma mucho más rápida de lo que sus métodos lo permiten, aún contando con la presencia de miles de obreros.

Tal es el caso de la gran pirámide de Giza, cuya estructura se compone 2,3 millones de rocas, con pesos que van de 2 a las 40 toneladas.

El caso de las pirámides: una piedra cada 2 minutos

En el caso de las grandes pirámides de Egipto, el misterio del traslado se profundiza aún más por el breve tiempo en el que se supone fueron construidas.

Según el físico suizo Nassim Haramein, es imposible que el pueblo egipcio, en el inicio de su civilización, haya sido responsable de tan colosal hazaña.

“Es matemática simple”, dice Haramein. “Tomas el número de piedras y te dicen que, de acuerdo a cómo funcionaba el Egipto dinástico, las pirámides tuvieron que ser construidas en 20 años; y luego calculas con qué rapidez se tenían que poner las piedras.

Si trabajaban los siete días de la semana, 10 horas al día y 365 días al año, tenían que poner una piedra cada 2 minutos”.

Además, el físico hace notar otras rarezas en la teoría de la construcción, como la ausencia de los supuestos troncos sobre los que se hacían rodar las piedras y la enorme distancia a la que se halla la cantera del emplazamiento.

“Quizás no lo notaron, pero estas pirámides están en medio de un desierto. Necesitas muchos troncos para mover 2.300.000 piedras. ¿De dónde vino la madera?”.

Así como Haramein, muchos escritores piensan que, basados en evidencia concreta, las tres grandes pirámides debieron construirse unos cinco milenios antes del nacimiento de la civilización egipcia.

En efecto, parece inexplicable que todas las pirámides realizadas después de las tres grandes sean de una calidad tan pobre que al día de hoy apenas se diferencian de un montículo de escombros. ¿Intentaban acaso los egipcios copiar sin mucho resultado aquellos imponentes edificios dejados por una civilización desconocida?

Según el investigador Anthony West, es evidente por los patrones de erosión, que tanto la esfinge como las grandes pirámides fueron creadas hace unos 10.500 años, antes de que el gran diluvio hacia el final de la última era glaciar azotara el planeta entero.

Entonces ¿quién pudo haber realizado estas magníficas obras de ingeniería si no fueron los antiguos egipcios?

De acuerdo con Haramein, todas las grandes pirámides alrededor del planeta fueron construidas por una civilización global de seres de gran altura, cuya evidencia se encuentra esparcida por todo el globo, como Egipto, Perú, México y China.

Haramein destaca que en muchos cráneos encontrados en Sudamérica y México, el volumen interior excedía al doble del volumen del cráneo humano normal. “Otra cosa interesante”, agrega Haramein a la polémica, “es que el agujero en la parte de abajo del cráneo (...) te dice cuán grandes eran estas personas”. “Estas personas tenían que tener entre 3,6 y 4,5 metros de altura”.

Fuente: La Gran Época