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miércoles, 25 de mayo de 2011

La energía nuclear, ¿es realmente barata?

La energía nuclear es barata, reza una de las premisas fundamentales que habla a favor de esta fuente. Las organizaciones ecologistas y los desastres como Chernóbil o Fukushima arrojan, sin embargo, otras cifras.
“Las ocho mentiras del lobby de la energía nuclear”, enumera en uno de sus panfletos el Instituto de Medio Ambiente de Múnich. Encabezando la lista: “el uso de la energía atómica garantiza un suministro eléctrico barato”. “Sin subvenciones”, replica el centro muniqués, “el kilovatio de electricidad atómica costaría dos euros la hora”. A modo de comparación, la Agencia Federal de Redes, responsable red eléctrica germana, calcula que un hogar medio paga hoy en el país 23,42 céntimos por el kilovatio/hora.

Sólo en Alemania, entre 1950 y 2010 la energía nuclear le ha costado a las arcas del Estado 204.000 millones de euros, indica un informe presentado recientemente por Greenpeace. Durante los próximos 12 años, y aunque no se lleve a cabo la planeada prolongación de la vida de las plantas atómicas, ésta consumirá 100.000 millones de euros públicos más.

La compañía energética RWE y el Foro Alemán de la Energía Atómica califican el estudio de poco serio. A tales cifras llegan los ecologistas porque incluyen en la suma no sólo la financiación directa al sector por parte de organismos gubernamentales, sino también la participación del bolsillo del contribuyente en el mantenimiento de los depósitos de residuos nucleares, sobre todo de algunos en críticas condiciones que requieren constantes inversiones, las rebajas impositivas a las compañías energéticas y el resultado de la falta de competitividad en este mercado, que también se refleja en las facturas.


Sin seguro


“Greenpeace utiliza datos confusos que tienen como único objetivo apuntalar sus viejas teorías y notas de prensa”, opina el Foro Alemán de la Energía Atómica. Y eso a pesar de que la organización medioambiental reconoce, con todo, haber dejado costos fuera de su informe. “El precio de una catástrofe nuclear”, apunta el experto en temas energéticos Andree Böhling, “es imposible de calcular.”

El precio de una catástrofe nuclear resulta tan imposible de calcular que no existen aseguradoras en el mundo que acepten responder ante él. Después de Fukushima, la política se plantea la posibilidad de convertir el seguro de las centrales atómicas en obligatorio. Pero, mientras tanto, es el dinero público el que corre al rescate en caso de necesidad. Al fin y al cabo, los momentos de emergencia no son propicios al reparto de gastos.

Hasta dos billones de yenes tendrá que asumir en créditos la operadora de Fukushima, Tepco, para afrontar el pago de los trabajos en su dañada central y el coste del suministro eléctrico que no puede prestar. Entidades japonesas estudian la posibilidad de concederle estos fondos. En cualquier otro lugar, la compañía lo tendrá difícil para acceder a ellos: su credibilidad se encuentra al nivel del suelo. También Tokio se plantea prestarle apoyo financiero, e incluso se especula con la posibilidad de nacionalizar Tepco, cosa que, teniendo en cuenta la situación de la empresa, cabe dudar de que pudiera ser positiva para las arcas públicas.


Millones de años


El problema de los desastres nucleares es que son de gigantescas dimensiones sus y consecuencias persisten a larguísimo plazo. 25 años después del accidente de Chernóbil, el reactor dañado se encuentra en una zona desierta a la que sólo se accede con permiso especial. La cúpula que lo cubre tiene que ser renovada, con el costo consecuente. La radioactividad en las regiones cercanas sigue provocando enfermedades y deformaciones en los recién nacidos, y todavía contamina la tierra, el agua y los productos agrícolas. Un final para esto no se prevé hasta dentro de millones de años.

Un sector agropecuario que tiene que suspender indefinidamente su actividad. Mano de obra constantemente aquejada de neumonías, migrañas, cánceres y otros males. Niños venidos al mundo con discapacidades que les acompañarán toda la vida. Junto al drama humano, el golpe económico es uno del que ningún consorcio energético puede realmente hacerse cargo. Entonces sólo queda el Estado. Y al final, vuelve a valer la vieja regla: mientras que los beneficios se privatizan, las pérdidas se hacen públicas.

Fuente: mdzol

PETROLERAS ENGORDAN BOLSILLOS EN TIEMPO DE CRISIS
Las principales compañías petroleras obtuvieron más de 36 mil millones de dólares en el primer trimestre del año mientras el ciudadano estadounidense promedio está alarmado por el alza de los precios de la gasolina. 

Hace una década, en 2001, una familia normal gastaba cerca de mil 279 dólares al año en combustible para vehículos, guarismo que ahora llega a los tres mil 72 dólares, y que lleva a muchos a pensarlo dos veces antes de accionar el chucho del encendido de su auto.

Hace pocos días concurrieron al Congreso cinco grandes empresas petroleras beneficiadas con recortes impositivos cercanos a los dos mil millones de dólares y allí recibieron severas críticas por beneficiarse a expensas del bolsillo de los contribuyentes.

El asunto fue examinado por la comisión de Finanzas del Senado a causa del incremento de los precios de la gasolina y la persistente negativa de la oposición republicana a eliminar los recortes de impuestos a esas empresas vigentes desde la administración de George W. Bush (hijo)

Chevron, Shell US, BP America, ConocoPhillips, y ExxonMobil son las corporaciones acusadas de enriquecerse a expensa del estadounidense promedio y que en los últimos años incrementaron sus ganancias.

El presidente de la comisión, el senador Max Baucus, considera que estas entidades no necesitan de los subsidios de impuestos. Deberíamos, subrayó, utilizar este dinero para reducir nuestro déficit en lugar de depositar esa carga en ciudadanos mayores y en el futuro de nuestros niños.

El tema impositivo es uno de los principales contenciosos entre demócratas y republicanos. El diciembre de 2010 la Casa Blanca cedió a presiones de la oposición para mantener los subsidios a los más ricos y arrastra el problema en toda negociación. Los demócratas plantean que la mejor forma de recortar el déficit es incrementar los impuestos a los más ricos pero los republicanos no aceptan la idea.

La tratativa de los demócratas contra el incremento de los precios de la gasolina encuentra respuestas en los representantes de las petroleras. El presidente ejecutivo de Chevron, John Watson, califica las medidas que encaminan los legisladores de la mayoría demócrata como "anticompetitivas y discriminatorias".

Mientras James Mulva, presidente ejecutivo de ConocoPhillip, estima que un incremento de los impuestos llevará a menor inversión, menos producción, y seguramente mayores costos por galón y menos empleo.

El senador Baucus rechaza esos argumentos porque según él es difícil encontrar evidencia de que el recorte de estos subsidios pueda reducir la producción doméstica o causar despidos, sobre todo cuando las petroleras lograron ganancias extraordinarias. La situación es seria para los consumidores pese a que luego de un aumento sostenido, los precios han comenzado a descender, pero no con la rapidez que el público espera.

Por ejemplo, en el condado de Los Ángeles, en California, el costo de un galón (3.7 litros) bajó por décimo día consecutivo, llegando a 4.23 dólares. Según un artículo que aparece en el diario La Opinión, el de mayor circulación entre los hispanos, el precio promedio se redujo en 5.2 centavos en comparación con una semana atrás, sin embargo la cifra continúa siendo 2.1 centavos más alta, que hace un mes, de acuerdo a OPIS (Oil Price Information Service).

Una muestra de la reacción a esta situación es reflejada por una encuesta realizada esta semana por Consumer Federation of America (CFA), con dos mil participantes pertenecientes a ambos partidos. La investigación mostró que un 87 por ciento de los encuestados quieren que el país deje de depender del petróleo. Asimismo un 85 por ciento dijo estar harto de las alzas en precios y un 75 por ciento recalcó la necesidad de que sus vehículos aumenten el millaje por galón.

El sondeo evidenció además que la mayoría de los estadounidenses espera que el gobierno empuje a las empresas automotrices a implementar cambios en los modelos de vehículos, para mejorar el rendimiento a 96 kilómetros por galón para el año 2025. Los autores de la investigación estiman que si esto se logra para el año 2020 dejarán de gastar cerca de 25 mil millones de galones de gasolina.

Mientras, el gobierno del presidente Barack Obama trata de impulsar políticas para enfrentar la situación y el Departamento de Justicia investigará casos de fraudes y manipulación en los mercados, lo cual pudieran estar afectando los precios de la gasolina. Por otro lado, en el Senado los demócratas presionan por aprobar una ley que elimine cerca de dos mil millones de dólares al año en recortes tributarios para las cinco compañías petroleras principales citadas.

Esta intentona, enfrenta, sin embargo, la oposición de los republicanos quienes califican la propuesta de juegos políticos, mientras entidades como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, han puntualizado que no representa una solución efectiva al problema. Pese a que la situación amenaza a la mayoría de los estadounidenses, los políticos no terminan de ponerse de acuerdo y las grandes petroleras continuarán llenando sus arcas en tiempos de crisis.

Fuente: sott.net

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