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martes, 27 de abril de 2010

LA ENERGIA DEL CEREBRO


La naturaleza de la mente es el misterio más profundo de la humanidad, se trata, además de un enigma de proporciones gigantescas, que se remonta a milenios atrás, y que se extiende desde el centro del cerebro hasta los confines del Universo.
Es un secreto que provocó vértigo y depresión en algunas de las mentes más preclaras de algunos de los filósofos y pensadores más grandes que en el mundo han sido. Sin embargo, este amplio vacío de ignorancia está, ahora, atravesado por varios rayos de conocimiento que nos ayudará a comprender cómo se regula la energía mental.

Aunque puede que no sepamos que es la mente, sabemos algunas cosas sobre el cerebro. Está formado por una red, una increíble maraña de "cables" eléctricos que serpentean a través de una gran cantidad de "sustancias" neuroquímicas. Existen quizás cien mil millones de neuronas en el cerebro humano, y cada una de ellas recibe datos eléctricos de alrededor de mil neuronas, además de estar en contacto y en comunicación con unas cien mil neuronas más.

El suministro de datos que llega en forma de multitud de mensajes procede de los sentidos, que detectan el entorno interno y externo, y luego envía el resultado a los músculos para dirigir lo que hacemos y decimos. Así pues, el cerebro es como un enorme ordenador que realiza una serie de tareas basadas en la información que le llega a los sentidos. Pero, diferencia de un ordenador, la cantidad de material que entra y sale parece poca cosa en comparación con la actividad interna. Seguimos pensando, sintiendo y procesando información incluso cuando cerramos los ojos y descansamos.

La unidad a partir de la cual se configuran todas las fabulosas actividades del cerebro es una célula del mismo, la neurona. Las neuronas son unas células fantásticamente ramificadas y extendidas, pero diminutas.

La hipótesis neuronal de las células anatómicamente separadas se estableció cuando Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) modificó el método cromoargéntico de Golgi y lo utilizó en una serie magistral de experimentos. Aunque Golgi y Ramón y Cajal compartieron el premio Nobel en 1906, siguieron siendo rivales encarnizados hasta el final.

Si todas las neuronas del cerebro, los cien mil millones, están automáticamente separadas unas de otras, ¿cómo podían los mensajes eléctricos que pasaban a través de cada una de ellas saltar de una neurona a la siguiente?. La respuesta es que no saltan sino que hacen otra cosa, y esto tiene una importancia fundamental en relación con el modo en que funciona el cerebro.

El descubrimiento fue realizado por Otto Loewi, cuando trabajaba en Australia durante la década de 1920. Lowel estaba trabajando con la transmición neuronal del cerebro al corazón a través del nervio vago. ¿Se trataba de una conexión eléctrica o química, o de alguna otra cosa diferente? La clave estaba en una solución química que bañaba el corazón después de la estimulación del nervio vago que como consecuencia segregaba esta sustancia química que hacía de intermediaria en la transmición del mensaje desde una célula a la siguiente.

Por lo tanto, los impulsos eléctricos nerviosos pasan a los extremos de las neuronas, donde la llegada del impulso hace que la terminación nerviosa libere una sustancia química (un neurotransmisor), que cruza el estrecho espacio que hay entre dos neuronas (la sinapsis), y entonces la sustancia química actúa sobre la segunda neurona para modificar su capacidad de emitir, a su vez, impulsos nerviosos. Cada neurona liberará solo un tipo de neurotransmisor (habitualmente), pero lo liberará hacia muchas neuronas diferentes.

Existen dos tipos de neurotransmisores principales en el cerebro: el glutamano y el GABA. El glutamano actúa sobre la segunda neurona para aumentar la probabilidad de que emita un impulso nervioso (por lo que es un transmisor excitante), mientras que el GABA actúa para disminuir la probabilidad de que lo emita (luego es un transmisor inhibidor).

No obstante, una neurona no recibe una sola entrada desde una sinapsis neuronal individual, sino que recibe muchos miles. Decenas de miles de sinapsis desde miles de neuronas diferentes cubren la superficie ramificada de una sola neurona.

Una neurona, o una red de neuronas, puede así recoger información de muchas fuentes, incluídos los sentidos, la memoria y las emociones, para controlar la señal que ella misma va a emitir y que finalmente puede ocasionar una contradicción o una relajación muscular.

El glutamano es el principal neurotransmisor del cerebro, pero paradójicamente es también una toxina poderosa para las células del sistema nervioso. Cuando los niveles de glutamano son bajos, actúan como una señal entre neuronas, pero si son excesivos los sobre excitan y las matan...Esta acción "excitotóxica" del glutamano parece ser la causa de la muerte neuronal durante las apoplejías y en las enfermedades neurodegenerativas, tales como la del Alzheimer, la de Parkinson, y la Esclerosis múltiples.

El Glutamano es uno de los aditivos más frecuentes en los alimentos, presentándose en forma de sal como glutamano monosódico (GMS). Actúa reforzando el sabor y es omnipresente en la cocina china: la salsa de soja es especialmente rica en glutamano. Afortunadamente, el glutamano que está en el intestino y en la sangre apenas penetran en el cerebro, porque la barrera "sangre-cerebro" impide que el glutamano cruce desde la sangre al cerebro.

No obstante, en medicina existe un trastorno conocido como "síndrome del restaurante chino", que puede aparecer por comer demasiados alimentos saturados de glutamano y que consiste en unos niveles de glutamano tan elevados en la sangre que no puede impedir que entre en el cerebro y cause la muerte neuronal. Claro que, otras fuentes dicen que el GABA, actúa como calmente y de alguna manera, contrarresta el mal.De hecho, los barbitúricos, el principio activo de las píldoras para dormir que toman algunos enfermos depresivos y las benzodiacepinas, como el libirium o el valium, que reduce la ansiedad, actúan, por ejemplo, reforzando la acción del GABA en su receptor neuronal.

Ejercicios breves de Meditación ayudan a la cognición
Un nuevo estudio de la University of North Carolina en Charlotte sugiere que los cambios cerebrales pueden ocurrir más rápidamente, ¡en cuatro días!

Se escogieron de forma aleatoria estudiantes voluntarios para practicar meditación consciente o escuchar las lecturas de JRR Tolkien’s The Hobbit, por 20 minutos diarios, por cuatro días. Los grupos fueron examinados usando pruebas de temperamento, memoria, atención visual, procesamiento de la atención y vigilancia. La práctica meditativa era una simple técnica de meditación consciente. Se pidió a los participantes que se enfoquen en su respiración y que cuando existan pensamientos que les distraigan, se vuelvan a enfocar en la respiración.

RESULTADOS : Ambos grupos mejoraron en el temperamento, pero solo el grupo que meditó mejoró en las mediciones cognoscitivas. En una tarea mental desafiante, el grupo de meditación fue 10 veces mejor que el grupo de lectura. Parecía que la meditación mejoró la capacidad para sostener la atención y la vigilancia.

Parece que una breve práctica de cuatro días de meditación puede mejorar de manera significativa el funcionamiento cognoscitivo que está relacionado con la atención y la vigilancia.

Cambiar el Cerebro, cambiar el mundo

Las propuestas del neuropsicólogo Richard Davidson para mejorar la educación y con el psicólogo Daniel Goleman descubriremos cómo consumir en el futuro para ser unos mejores huéspedes de este planeta.




Fuente: www.emiliosilveravazquez.com

www.redesparalaciencia.com

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