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domingo, 13 de junio de 2010

LOS TERREMOTOS DEL 2010

Durante este último año, 2010, el discurso geomagnético de nuestro planeta ha manifestado una cierta altisonancia que pude inducir diversas reacciones en la psique colectiva.

Terremotos como el de Haití y Chile, la erupción volcánica de Islandia, y diversos fenómenos geológicos, nos invitan a preguntarnos sobre el mensaje que la Tierra tiene para nosotros.

Pero más allá de la superstición, la paranoia, o la retórica new age en torno a probables cataclismos, tenemos también datos duros que nos sugieren la presencia de que algo “anormal” esta sucediendo en las entrañas de nuestro planeta: el ritmo de los terremotos.

Algunos podrán explicarlo alegando la obscura experimentación del proyecto HAARP, conducida por el gobierno estadounidense, otros podrán aludir a las míticas revelaciones en torno al 2012, y algunos más podrán explicarlo simplemente como un proceso natural en la evolución cíclica de la geología terrestre.

El objeto de estas líneas, sin tomar en cuenta las posibles dilucidaciones y teorías más radicales, sobre las cuales ya mucho se ha hablado, es simplemente echar un vistazo fáctico al patrón de los terremotos registrados durante este 2010 y luego reflexionar, brevemente, sobre la naturaleza de este fenómeno.

De acuerdo con la información recavada por el USGC (United States Geological Survey), que registra los terremotos ocurridos desde 1900, si comparamos el número de sismos ocurridos durante este año, con una magnitud de entre 5.0 y 5.9 grados en la escala de Richter (los menores a 5 difícilmente tienen repercusiones y por eso no se registran) nos damos cuenta que han aumentado en un 139% con respecto al promedio mostrado en la última década, y en un 163% en comparación con el promedio registrado desde 1900.

En cuanto a los sismos de entre 6.0 y 6.9 comprobamos que han aumentado en un 130% en comparación a los últimos 10 años, y en un 140% con respecto al patrón denotado durante el último siglo.
Previo a buscar causas místicas o metageológicas es importante considerar que la Tierra, como el alma del río o como la ley budista de la impermanencia (nada es absoluto más que la impermanencia del holograma) tiene una naturaleza hipercíclica, siempre cambiante: la eterna danza de las placas tectónicas en cálido útero planetario, el magma.

Y este permanente movimiento implica una evolución constante que puede simular la ruptura de patrones establecidos. Por otro lado podemos considerar que la esencia de todo patrón, visto a una escala difícilmente accesible para la mente humana ,es el simple y siempre elegante caos: es decir, la presencia de fenómenos inesperados de acuerdo a un mapa de referencias establecido.




Sin embargo, tampoco puede negarse una cualidad profundamente poética manifestada en este fenómeno… Intuitivamente parece que la única alternativa que tenemos es la de escuchar este discurso geológico de la tierra, observarlo, y quizá, por que no, celebrarlo con esa.

Básicamente se trata de afrontarlo con esa épica tranquilidad que sólo puede darte el saber que estas andando tu camino y que no hay lenguaje en este universo con el cual no puedan mantener un diálogo armónico a través de esta arquetípico conjunto de actividades: escuchar, observar, y caminar.

Fuente: pijamasurf


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